viernes 28 de octubre de 2011

Amanece


Amanece tras un paseo onírico, todavía en la colina de la noche tu silueta baila como tormenta circular, como hojas de locura, como papeles llenos. En mi cuello revive un roce cálido, untado de ardor indeleble, con largos trazos que recuerdan el campo, tu cintura, la pasión.
Descubrimos un valle fértil y nos perdemos otra vez entre sus laderas, sin tropiezos culposos, sin fechas ni horas ni días ni años, sólo caída y vértigo placentero que restalla en lobos y montañas. Me levanto un instante, agonizo, pues la ausencia de tu cuerpo mata. Luego y sin aliento vuelvo a tus pechos, para revivir sobre tu piel, para emborrachar la cordura.

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